Literario

martes, 25 de marzo de 2014

La flama eterna




Cuando niño creí que mi destino estaba en manos de mis padres, de adulto en mi libre albedrío y ahora de viejo me doy cuenta que la decisión está en las mentes retorcidas de Vladimir Putin y Barak Obama. ¡Oh, Dios! ¿en qué momento te rebasaron estos  trúhanes? Hagamos votos para que no apaguen la flama eterna.
 
                             Dr. Nicolás Avilés González
 
 

lunes, 24 de marzo de 2014

Fragmentos de mi libro El Brujo de las Dos Magias



 Mientras cenaba escogí un lugarcito, y desde allí, vagabundeaba mi vista por el cuarto, y al llegar a la esquina opuesta de la que me encontraba noté que la cama no estaba. Todo el espacio lo ocupaba la caja que permanecía en el centro sostenida por sillas de lianas. En la otra esquina estaba el madero donde los gañanes por las tardes, cuelgan los arreos de las yuntas, la silla de montar, el bule para el agua; todo esto, además de nosotros acompañábamos al finado.
Después de repasar lo anterior, mi vista de nuevo se dirigió a donde había estado la cama, al darme cuenta de lo anterior sentí un extraño frio que estremeció mi cuerpo; creo que al no mirarla todo me pareció vacío y dudé si esa nada era únicamente porqué ésta no se encontraba o era el hueco que dejo el angelito al irse al cielo.






Lo anterior me generó nauseas y malestar por lo que decidí salir del cuarto; necesitaba respirar aire fresco; fuera, al hacerlo sentí la necesidad de un trago de agua por lo que me dirigí hacia el fondo del patio donde sabia que se encontraba la noria.  Quería sacar agua, quería mitigar mi sed. Y cuando estuve en el brocal lancé al vacío el balde que. Viajó rápido y solo se detuvo hasta que tocó el paño del agua en el fondo, al hacer el contacto escuché un ruido sordo.
 Después se hundió y me di cuenta que estaba lleno ya que el mecate se deslizó con fuerza entre mis manos, lo sujete e inicié el ascenso, mientras lo hacía  no cesaba de chirriar la polea, y lo hizo hasta que lo tomé de nuevo en mis manos.
Lo empiné en mi boca con premura y aunque intenté que no se derramara, me baño desde el pecho hasta mis piernas, sin embargo me sentí reconfortado. El agua al pasar por mi galillo tenia sabor a tierra fresca, un sabor dulzón- salobre; cuando hube saciado mi sed, arrojé el resto.
Después de beber me mantuve largo tiempo en el brocal conmigo mismo, creo que por eso, los pensamientos me brotaban, se me sucedían uno tras otro, no me dejaban estar sosegado. Todos eran acerca de la muerte, quizá para mis adentros quería encontrar un porqué, hasta esa noche aún no asimilaba que la muerte es tan solo eso; la muerte.
 
                                       Dr. Nicolás Avilés González
 
 

jueves, 20 de marzo de 2014

 
 
EL HUARACHE
 
 
 
"Crea fama y échate a dormir"
 
 
Pobre hombre siempre he pensado que no participaba en todo lo que le achacaban. ¡Todo lo que se extraviaba o robo que se cometía en Costa Rica era el Huarache! 
Al denunciarse un hurto, rápidamente la gente lo señalaba como culpable y mientras era o no, el Huarache iba cono todos su huesos flacos a la cárcel. Pasaba gran parte de su vida encima de la "Perica" acompañado de municipales.
¿Cometería todos los robos de Costa Rica? creo que no, pero alguien tenia que pagar por el ilícito, pronto se pensaba en él y si los pobladores no lo hacían, lo hacían ellos, los guardianes del orden.
¿Cuál investigación del delito? ¿Para qué? si el Huarache era un excelente chivo expiatorio para el Sindico y sus gendarmes, así nunca dejaban ilícito sin resolver, lo atrapaban y asunto cerrado.
Esta conducta cómoda del comandante en turno hacia que nuestro personaje fuera un cliente perenne de las estrechas, pestilentes y calurosas crujías de la cárcel del pueblo. Su padre daba más vueltas a la barandilla que a su pequeño taller de relojería del cual comían él y el Huarache.
Aquel dicho de "Crea fama..." les funcionaba a la perfección o quizá influía el aspecto fiero, que siempre lucía o en algo tal vez los huaraches que calzaba siempre en sus pies de pobre.
Hay que recordar que en México se castigan los huaraches (la pobreza) y no los delitos. "Con dinero baila el perro"
Hoy, me parece que a pesar de tantos años aún sigo viendo al Huarache encima de la "Perica" acompañado de los policías pagando en gran parte las tropelías ajenas.
 
                                                                    Dr. Nicolás Avilés González

domingo, 9 de marzo de 2014

CON LA MUERTE EN LOS PIES



  • Este relato da cuenta de un médico recién egresado en Servicio Social, inexperto, enfrentando su primer diagnostico de muerte clínica; el sitio, una región lejana en algún lugar de la selva del sureste. El motivo de ir a tierras desconocidas era por conocer otras latitudes, costumbres, de gozar la musicalidad de los ríos pletóricos,  en fin disfrutar otros ambientes  diferentes a donde había nacido. Por el noroeste del país la vegetación y los ríos son diferentes; ralos, escasos de fronda, chaparrales. Durante su estancia en la comunidad, finalmente se enfrenta a si mismo,  sin la tutela de sus maestros, apela a unos conocimientos escasos ante la nada que es la muerte. Este escrito da cuanta de la abundancia de la naturaleza en el sureste de México en contraste con lo escaso de muchas regiones del noroeste de donde era este médico pasante. Además de la incertidumbre cuando un médico joven  que actúa por vez primera ante un paciente moribundo, solo, en una comunidad que carece de todo y con el miedo de ser agredido por los dolientes al dar el infausto diagnostico de muerte.
                                          Dr. Nicolás Avilés González