Literario

miércoles, 25 de enero de 2012


El sicario


Al verme, despues de que bajo de su automovil supo que iba por él. Y a pesar que nunca nos habiamos topado, con su mirada me suplicó que no lo hiciera en presencia de su familia, que esperara a que su mujer y su pequeña hija se introdujeran a la farmacia, donde seguramente adquirirían medicamentos para recuperar la salud perdida. Lo entendí, me dio confianza en que no intentaría defenderse o de huir, estaba resignado, y espere hasta cuando ambas se perdieron entre los anaqueles. Aquel hombre, que nunca dejo de verme a los ojos y quizá agradecido porque no lo maté delante de sus seres queridos se movio decididamente hacia la guarnicion de la calle, enseguida con su cabeza asentó- Estoy listo, adelante- Luego descargué mi furia a través de las balas del "cuerno" que no dejo de vomitar muerte hasta que se terminó lo que quedaba en el cargador. En el suelo, no aperte mis ojos de los suyos, poco a poco se les fue perdiendo el brillo y hasta que los cerró me fui. Este es el único que no he podido olvidar, su mirada la traigo entre ceja y ceja, fue el primero. Ese es el que más me ha podido, de los otros treinta o cuarenta ni me acuerdo. ese día me di cuenta que estaba perdido, que ya no tenía alma; me percaté que Dios me abandonó. Terminaron de desayunar y al poco tiempo ambos hombres se retiraron de manera apresurada del restaurant.
  
                                            Dr. Nicolás Avilés Gonzalez




jueves, 29 de diciembre de 2011



Alma Blanca

                         Vestida como la espuma
                         de cofia con delantal
                         zapatos como la nieve
                         alma blanca como cristal.

                        Navegas entre gemidos
                        ojos de triste mirad
                        seres que están rendidos,
                        hermanos que anhelan tu caridad.

                       Agil y silenciosa
                       incansable como la mar
                       entibias el frio lecho 
                       de dolor y enfermedad.

                      Viandas entre tus manos
                      sonrisas, serenidad
                      tabletas multicolores
                      en bandeja de eternidad.

                     Vestida como la espuma
                     de cofia con delantal
                     zapatos como la nieve
                     alma blanca como cristal...

                                Dr. Nicolás Avilés González

        ¡Feliz día de la enfermera hoy y siempre!


miércoles, 14 de diciembre de 2011



Que Dios permita que éstas fiestas navideñas sean un cúmulo de alegrías y que les llene de salud, de felicidad y que también les ayude a cumplir sus anhelos. Les desea Nicolás Avilés González desde Culiacán, Sinaloa, México; Tierra de las mujeres bonitas.

                                       avilesgn@hotmail.com

viernes, 9 de diciembre de 2011

                                  Barda entre México y Estados Unidos


EL SUEÑO AMERICANO NO SIEMPRE RESULTA THE AMERICAN DREAM

La migración es un fenómeno que aparece con el hombre mismo o sea que su origen se pierde en lo obscuro de los tiempos. Los motivos son diversos: ansias de aventura, necesidad intrínseca de conocer nuevos horizontes, amenazas, guerras intestinas, persecuciones, miedo y por último la necesidad de mejorar las condiciones de vida para uno mismo y para la familia.
Cada uno de nosotros, los que hemos dejado alguna vez de manera temporal o definitiva nuestros lugares de origen sabemos cuales fueron esos motivos. Y son muy intimos y respetables. Pero algo me dice que muchos lo hicieron para buscar mejores condiciones de vida que su comunidad y su país no pudo otorgarles.
El modelo económico neoliberal implantado en México y en la mayoría de los países latino americanos ha rendido sus frutos y actualmente el 46.3% o sea 52 millones de mexicanos vivimos hoy en situación de pobreza. Lo que sugiere que el dinero de muchos lo tienen unos cuantos. En suma, las ganancias salariales no superan los 16, 000.00 pesos. Expresado en dolares no pasa de mil docientos al año (Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares ENEGI, 2008). Y si restamos los índices inflacionarios, tendremos una capacidad de compra paupérrima que no aseguraran una vida digna, Los ingresos son escasamente suficientes para satisfactores primarios, la diversión y el esparcimiento están vedados para la mayoría de los mexicanos. De aquí que me lleve a pensar que lo anterior es el motor principal de la migración.
El país vecino del norte, los Estados Unidos de América es el que más migrantes recibe, esto por dos motivos; la cercanía, son pocos los que se van a la comunidad europea y solo tengo registrado el caso de Martín Morachis que dejo su Costa Rica en Culiacán, Sinaloa para vivir en el oriente, específicamente Tokio en el Japón. O sea que son los más los que buscan el American Dream ( 95% de los migrantes elige algún lugar en la unión americana; López Villar y Cols, 2004).

En uno de los pocos viajes que he hecho por tierra hacia la ciudad fronteriza de Tijuana en el estado de Baja California llegamos a un reten de los muchos que instaló el gobierno federal desde la comunidad El Carrizo en Sinaloa hasta la frontera. Son muchos y, en uno de tantos nos detuvieron para buscar armas y/o estupefacientes.
-Bajense por favor- Nos ordenó una voz imperativa que lanzaba un soldado que estaba parado junto al chofer en  el frente del camión. El puesto donde nos encontrábamos estaba en un punto inespecifico del árido estado de Sonora, era a media mañana cuando lo hicimos.
La gente se arremolinó tratando de alcanzar la puerta de camión y así cumplir con el mandato. Hice lo mismo, caminé hacia el exterior del vehículo y al estar en el suelo  recibí un golpe del agobiante calor que hacía esa mañana de julio. El vaho del desierto envolvió todo mi cuerpo. Me estremecí, sin embargo rápidamente traté de asimilarlo, enseguida sentí deseos de vaciar mi vejiga y fui al baño, al salir de aquel espacio reducido habilitado para estas necesidades pude distinguir un cerco de púas frente de mi, que por cierto tenía tramos sin alambre. Era el límite al norte de nuestro país, ahí se terminaba Sonora e iniciaba Arizona, tan sólo un cerco destruido constituía la división, la frontera entre los dos países.
La tenía al alcance de mi mano, no pude resistir alcanzarlo y me dirigí hacia ella, quería tener la sensación extraña de hacer algo indebido, de violentar las leyes binacionales y me dirigí hacia allá. Desde donde me encontraba hacia el suelo extranjero había unos  ciento cincuenta o docientos metros. Durante el recorrido desde el baño a la "línea" me percaté del esfuerzo muscular que representaba avanzar sobre un terreno flojo, arenoso, en el que a cada paso se hundían mis zapatos, daba la impresión de que el suelo huía de las plantas de mis pies. Como si de alguna manera quisiera recordarme que aventurarse por esos parajes no sería nada fácil. El esfuerzo era supremo, el desgaste era mayúsculo dado lo difícil del terreno y los caliente de los rayos del sol que caían a plomo sobre el desnudo cuero cabelludo de mi  cabeza. Estábamos a unos cuarenta y cinco grados Celcius.
Por el esfuerzo, pronto mi cara se perló de sudor, sentí mi boca seca, sin embargo no eran limitantes para vivir la experiencia de brincar el alambre, de entrar de ilegal a los Estados Unidos. En un santiamén estaba en el "Otro lado", avance unos metros y estuvé en una brecha de terracería que corría o corre paralela a la "Linea". Claramente miré las marcas de los vehículos con los que hace sus recorridos la "Migra" intentando siempre detener el paso de indocumentados. En esos momentos estos vigilantes no estaban, había silencio, matorrales, sahuaros, arena, mucha arena caliente bajo mis pies y a los lejos en el horizonte se distinguían algunas montañas desnudas por efecto de los vientos que por millones de años las azota por todas sus caras, y por lo escaso de las lluvias en esos lugares. En páramo impresionaba, atemorizaba
Ya, de nuevo en el autobús disfruté del clima artificial, me sentía cansado, agobiado por el esfuerzo y por el sol rabioso del desierto, poco a poco me fui calmando y mientras eso sucedía, el camión avanzaba, a los lados de la carretera siempre arena, chamizos y sahuaros.









Poco después me invadió la imagen de Luis, un lugareño moreno, menudito de pelo negro y bigote ralo, nacido en las estribaciones de la sierra madre occidental, en el Ranchito de los Burgos, muy cerca de El Salado, Culiacán, Sinaloa. El relato de su experiencia de la primera vez en que intentó y logró pasar al "Otro lado" me retumbaba en mis oídos, sus palabras no me abandonaban ese día caluroso de verano en el Estado de Sonora. Recordé los siguiente:
-Doctor Avilés, no se realmente como salí vivo de la caminata que realicé la primera vez que me fui de "alambre", tan sólo recuerdo que entré por Tecate BC. caminaba y caminaba y no llegaba a ningún lado, los chorros de sudor me mojaban todo el cuerpo, la sed estaba conmigo todo el tiempo, se me engarrotaban las piernas de tanto caminar y me dolían mucho las plantas de mis pies. El plástico donde llevaba el agua me pesaban más cada vez que me alejaba de la frontera y, con espanto veía como se me iba terminando el agua. Lejos, muy lejos se miraban los cerros que dado el cansancio y la sed se me afiguraba que veía la cara de la muerte. Era la primera vez que pasaba y no podía fallar. Mi familia me necesitaba.
Los riñones de Luis, lo ayudaron a sobrevivir, con la falta de ingesta de líquidos se corta la orina con objeto de conservar el volumen en el interior de los tejidos. El hígado inunda el torrente sanguíneo con sus reservas energéticas para alimentar los músculos que luchaban para trasladar la humanidad del migrante a buen puerto. Cuando ambos sistemas fallan sobreviene la muerte.

- Mire doctor, con el esfuerzo empecé a mirar que había agua a los lejos y me apuraba para tomar y llenar los recipientes, me animaba, pero después me daba cuenta de que no había nada, también pensaba que estaba cerca de algún pueblo o de alguna ciudad, en mi interior me decía " ya la hiciste", sin embargo todo era ilusión , todo era mentira, me engañaban mis ojos, me decía tienes que llegar Luis, tienes que hacerla Luis. Se me figuraba mi casa, mi esposa, mis hijos y el Ranchito de los Burgos que dos días atrás  había dejado a mis viejos

La falta de fluidos en el cerebro de Luis hacía estragos, se estaban produciendo confusión, ilusiones ópticos, sin embargo la ilusión lo llevada adelante. Esperaba que no le jugaran una mala broma las serpientes de cascabel o los monstruos de Gila que abundan en el desierto y son otra de las amenazas de los migrantes en transito.

-Mi iba mareando, me quedaba poca agua y alimentos, después de tres día de marcha llegamos a un sitio donde nos esperaba una troca que manejaban otros "polleros", di gracias al cielo de no morir, enseguida enfilamos hacia Los Ángeles, después mandé por mi familia y desde entonces acá estamos.

El American Dream representa el éxito en los Estados Unidos ¿Y, qué es el éxito? Ah, dirán algunos; es acceso a espectáculos de alfombra roja, calzado, ropa  de moda caras, casas de ensueño, joyas, autos de superlujo, viajes y mujeres caras. ¿Cuántos logran el Glamour?, ¿En cuantos el American Dream se convierte en pesadilla?- No se me olvida lo que me dijo al despedirse aquella tarde en mi consultorio-
-Doctor Avilés, al principio duré diez años para volver al Ranchito de los Burgos, no podía venir ya que no tenía papeles, pero ahora ya arreglé, ya puedo ir y venir a México, puedo pasar por la garita, pero ahora que estoy derecho no tengo tiempo y a pasar de que me mato  en la chamba todo el día, tampoco me queda suficiente dinero, así es que vengo poco a ver a mi'pa y cada vez lo miro viejo, cada vez lo veo más acabado...

                            Dr. Nicolás Avilés González.
                                avilesgn@hotmail.com


lunes, 5 de diciembre de 2011




¿Quién es más miserable, el que da mendrugos o el que los recibe?


lunes, 28 de noviembre de 2011

El Padre Jeringas


                                                                       El Padre Jeringas

El verano calaba  aquella noche de trajín intenso en el servicio de urgencias del Hospital General de Zona No. 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de Culiacán, Sinaloa, México, las ambulancias no dejaban de aular entregando su delicada carga de dolientes. Hombres y mujeres se arremolinaban alrededor del puesto de control buscando ser atendidos por el médico de guardia. Las camas de hospitalización repletas, el servicio estaba realmente saturado. Las enfermeras no cesaban su vaivén; los pasantes se encontraban ocupados todos. No había señales de descanso para nadie en todo el turno. En esa vorágine, allá a las altas horas de la noche hace presencia un hombre de estatura mediana, complexión regular, tez blanca, pelo negro, enfundado en habitos de sacerdote católico. En su mano derecha portaba un maletín de piel color negro, pero dado su constante uso mostraba abundantes zonas decoloradas. Pronto estubo cerca de mí, sin ambages me interrogó sobre el estado de salud que guardaban los pacientes que estaban internados, enseguida remarcó su interés por los más graves.
Dudé en darle la información, no es costumbre proporcionarla al menos que el solicitante sea familiar directo, se notaba que el señor que me la solicitó nada tenía que ver con alguno de ellos, con recelo pregunté sobre el objeto de su presencia en nuestra área de trabajo, quizá me notó molesto por lo que respondió de inmediato -Soy el padre Héctor Orozco y mi función es asistir a  enfermos en su lecho de dolor, especialmente aquellos que estén graves, entendí y enseguida le dí el número de las camas que correspondían a los más enfermos en aquella noche de agosto. El lugar parecía un horno ya que  no funcionaba la climatización artificial por lo que el calor realmente sofocaba y por otro teníamos abundante trabajo.
Al recibir la ubicación de las camas, enseguida se apresuró en su busca y, así uno a uno los fue visitando, se detenía un tiempo corto, pronunciaba una oración inenteligible dado que la hablaba casi sin separar sus dientes incisivos, momentos después colocaba un escapulario en alguna de sus muñecas y pasaba a otra cama y se repetía el ritual. Cuando ya los había visitado se despedía e iba a otras salas en busca de otros. Esa noche dado lo intenso del trabajo no lo miré regresar desde el interior del hospital.
Después de esta coincidencia su figura encorvada con el maletín viejo en su mano derecha, su hábito blanco y  la estola púrpura que portaba cruzándole el  cuello se me hicieron familiares; lo mismo ¿Dónde están los enfermos más graves? enseguida, raudo se encaminaba hacia los cubículos, pronunciaba sus rezos y, sabía que los había visitado dado el escapulario que les colocaba en su muñeca derecha.
En ocasiones no le era posible acercarse a los pacientes dado su calidad de aislados, eso no le impedía cumplir su objetivo ya que desde las puertas de las salas murmuraba oraciones, enseguida tomaba agua del grifo con una jeringa; la bendecía y desde ahí se las arrojaba sobre los cuerpos. Lo anterior era frecuente en niños en peligro de morir.  Desde luego que estos no estaban bautizados, él, sin permiso de los padres lo hacía con el agua contenida en el dispositivo  cumpliendo así con el mandamiento de la Iglesia; de aquí el mote de "Padre Jeringas".
Desde principios de la década de los años ochentas, lo he visto caminar de hospital en hospital, noche tras noche llevando al límite su capacidad física para cumplir con su apostolado; salvar almas de parecer en el lago del fuego eterno, según él, fallecer sin asistencia espiritual, se muere en pecado y su destino, morar en el lago de lumbre que se encuentra en el centro del Infierno.
Dado lo noble y lo constante de sus acciones se han elevado leyendas con respecto a su persona y hacia su actividad, hay algunos que lo quieren ver como santo, dicen que tiene el poder de la sanación; aquí le comparto uno de sus milagros; Don Fernando Valenzuela, un vecino de esta ciudad portador de asma bronquial; padecimiento crónico que de manera súbita se agudiza provocando sofocación intensa y muchas de las veces  el paciente necesita la aplicación de sustancias intravenosas, oxigenación y nebulizaciones con broncodilatadores para su recuperación. En uno de tantos episodios, ahí estaba Don Fernando y hasta él llegó el padre; al paciente no le pareció adecuada la visita, inmediatamente pensó que estaba en artículo de muerte, que la presencia del sacerdote representaba la santa unción, en ese momento lo rechazó lanzándole  palabras altisonantes hacia su persona  y de manera enérgica ordenó a la enfermera que le retirara las líneas que descargaban líquidos dentro de sus venas, ya sin ellas se marchó no sin dificultad rumbo a su casa, argumentó que si le tocaba morir que mejor fuera en su cama, no murió, pero tampoco ha regresado al servicio de emergencias, ahora en tono socarrón comenta -Me curó el padre jeringas
El sacerdote acepta de manera tácita su don, ya que cuando se le pregunta si lo tiene, contesta -Yo curo a través del poder de mi padre Dios- dejando el resto a la imaginación y la fé de la gente. Otra situación que se dice que tiene, es el don de la bilocación, también aquí no afirma, ni rechaza que lo posee, sólo se concreta a decir -Dice la gente que me ve en dos lugares a la vez- abonando a la leyenda que se ha construido  alrededor de su persona.
 Ya no  tenemos el vestido blanco de Lupita la Novia de Culiacán,  hoy queda la sotana del párroco que nos  sigue iluminando, pero incluso, cuando él ya no esté en nuestras calles, seguramente seguirán los brillos de ambos desde el cielo; ya que seres de luz como Lupita y el padre  se quedarán por siempre entre nosotros ¡Sigue bendiciéndonos padre jeringas!

                                               Dr. Nicolás Avilés González

jueves, 17 de noviembre de 2011


Chinto Mentiras


¡Cuentame la última Chinto!
Así gritaba un hombre al que por la calle lodosa caminaba como si tuviese prisa.
-¡Dime la última Chinto!. Insistía el que con el torso desnudo desafiaba el calor inclemente de septiembre bajo la sombra de una gran pinguica. Como no lograba lo que quería le llama de nuevo
-¿Pero hombre, por qué tan de prisa?- Gritaba con la clara intención de que el que caminaba zigzagueando por la calle resbalosa, tratando de no caer en los charcos rebosantes que había dejado la copiosa lluvia que hacia minutos había terminado de caer, se detuviera. Quería que le relatara alguna de las muchas anécdotas que tenía Chinto para contar. El aludido sólo disminuyó un poco el paso al tiempo que giraba pausadamente su tez morena y con los dedos de su mano derecha elevó de manera discreta el ala de su sombrero de lona blanco y enseguida agregó
-No hombre, no puedo contarte nada en este momento voy de prisa- El de la pinguica, sorprendido por la respuesta intentó saber el motivo de la premura
-¿Que sucede, cual el motivo de ir tan rápido para el Seguro?
El moreno, después de escucharlo sonrió, lo hizo de manera discreta, aunque llevaba buena dosis de picardía ya que esta tenía de sobra y agregó.
-Sabes lo ordinario que son los plebes- Hasta ahí se la dejó, espero que el bichi le hiciera otra pregunta, intuía lo que vendría, sabía que el de la pinguica mordería el anzuelo o que quedaría atrapado en su propia red y así fue.
-Si son muy ordinarios los chámacos. Lo afirmó, dándole la señal a Chinto de que estaba influido y enseguida otra- ¿Que le pasó a tu plebe?- No había dudas, enseguida, la mirada de Chinto se tornó más picara que de costumbre y contestó- ¡Donde vas a creer, desde temprano tienen internado al más chico, este el motivo del apuro!- No añadió más y espero que el bichi solicitara ampliación de motivos y lo hizo- ¿Que tiene tu hijo, por qué está internado?- La pregunta llevaba toda la ingenuidad que en aquel cuerpo escurrido cabía. Esto era lo que esperaba el mentiroso- Pues que crees, este recabrón se tragó ésta mañana un peso Morelos de plata- Sin preámbulos, sin defensa, envuelto totalmente en el influjo mágico de Chinto, replicó-¿Se le atoró en el galillo?- A Chinto no le quedó duda alguna de que el bichi estaba enredado en su propio estambre y le completó- ¡No, no tiene el peso en la garganta, el problema real es que en lo que va del día sólo ha arrojado dos veintes y un diez!
-¡Cincuenta centavos!- dijó sorprendido el ingenuo- a lo que contestó Chinto- Si solamente cincuenta centavos, me dicen los médicos del Seguro que si no arroja el otro tostón me lo van a operar ya que tiene el riesgo de que le pegue peritonitis.
-Ahora comprendo el motivo de tu apuro, creo que es muy grave el asunto de tu plebe. después de decir lo anterior lo conmina a que apresure el paso de nuevo de la manera siguiente- No te detengas, discúlpame que te embromé, otro día me cuentas la última mentira, estoy apenado por haberte entretenido, picale pá'l Seguro amigo-
El rostro del ingenioso se llenó de alegría, pero para no romper el influjo logrado contuvo la sonrisa que amenazaba con abandonarlo, la detuvo apretando las hileras de sus dientes blancos e inmediatamente aceleró el paso dejando sumergido en un  mar de dudas al de la pinguica y se perdió al fondo por la calle lodosa. Con esta chispa de picardía producto del ingenio que le fluía por todos los poros de su piel, este moreno a causa del intenso sol del campo deslumbró a todos los de Costa Rica, Sinaloa, con esa genialidad quiero recordarlo y, estoy seguro que muchos en el pueblo guardan más de una de Chinto Mentiras.

                            Dr. Nicolás Avilés González